martes, 29 de abril de 2014

De casualidades y destinos se trataba.


                                                                                                                      Para ti,
                                                                                                                      dulce loco.


Me miraba al espejo cada mañana
por mi rostro y mi cuerpo pasaban los años
los recuerdos y los sueños,
los silencios y fuegos desabridos,
de una vida en solitario.

Esperando quién sabe qué
las horas pasaban
y el mundo se incendiaba.
En él la gente habla de destinos
de aquello que pasa por algo
de vidas enlazadas, 
de amores domesticados,
de los que se aferran a sus creencias,
y caminan por caminos ya andados.

Me negaba a creer en eso, claro.
Yo y mi mundo de puras casualidades
de idas y venidas,
de improvisaciones
y consecuencias meramente propias.

Pero un día apareciste tú,
te conocí silencioso y secreto
con esa avidez abrasadora
que desmoronaba todo,
todas mis imaginaciones de esta vida.

En ti me busqué y me encontré
con tanta facilidad que parecía increíble
dos personas tan distintas
y parecidas al mismo tiempo.
Una sonrisa nos llenaba,
una mirada bastaba.
Una vida que cambia
y no parece la misma.

La luz ya no se desmorona sobre mi rostro
en el espejo brilla algo distinto
casualidad o destino conocerte,
da lo mismo.
Porque el tiempo pasa pero no mata,
el tiempo late 
y te hace mirar diferente, 
a cada paso que avanzas.