jueves, 14 de noviembre de 2013

Ahogos.

Hoy estoy aquí
para hablarte de sueños ahogados
que se escaparon arrolladores
antes del amanecer.
No florecieron jamás
sólo se convirtieron en tinieblas imborrables
dispuestas a arrancarme la piel
como tornados aborrecibles que arrasan
que desvanecen todo a su antojo.

Y luego le lloro al bolígrafo y a su papel
reclamando noches de estampa
jugosas e insaciables
una y otra vez.
Le lloro al canto de los pájaros
tan naturales e ingeniosos
que ya poco tienen que hacer conmigo
una y otra vez.

Alguien me dijo alguna vez
que no todo estaba perdido
aunque nada se sirve en bandeja.
Porque todo se reclama
todo se lucha
todo se acaba.
Me recuerda a ti
Tú perdido entre mis piernas
enlazado a mí en un sinfín.
Qué bonita estampa
que ya sólo existe en mi cabeza.

Mi imaginación cada día alcanza límites interminables
y tú apareces en ella
tan sonriente y despreocupado
humilde, consentido.
Pero tan fugaz a la vez
desapareciendo sin dejar rastro.
Y cuando vuelvo a lo real,
los amaneceres siguen preciosos
las olas ya alcanzan la perfección
y los pájaros cantan
regalando sus versos al cielo
como si nada de esto hubiese ocurrido.
Sólo encuentro un hueco vacío
aquí solo, corrosivo 
y distante en el olvido.