viernes, 30 de agosto de 2013

Nos ocultamos y morimos.

Nos ocultamos y morimos.
Nos disfrazamos entre las calles de la ciudad.
Dando tumbos en nuestra cabeza
y fingimos para no hacerlo notar.

Nos ocultamos en la calle, en el trabajo,
en el cine, en el mar...
donde nuestra mano camina vacía
donde nuestra cabeza ya no,
ya no frecuenta ese hombro.
¡Y dichoso aquel hombro, amigo mío!

Nos ocultamos en el mismo lugar
donde estás fuera de mí.
Y nos ocultamos en nuestras palabras
aunque no podamos hacer nada contra la mirada
y el cuerpo, que lo dice todo.

Lo sabemos.
Lo ignoramos.
Lo separamos del resto
y entre los dos nos ahogamos
cayéndonos al abismo de lo real.

Morimos sin hacer nada
mientras el tiempo corre
y corre, como nunca.